Formas de ayudar a nuestros hijos en el regreso a clases

Nuestros niños resienten los cambios de rutina, digo resienten porque se dan cuenta y, así como a nosotros los adultos, les cuesta retomar obligaciones y rutinas anuales: más aún cuando implica alejarse de las personas que más quieren, sobre todo para el primer día de clases.

Imagínate que después de un fin de semana largo ya nos es difícil retomar, imagínate después de varios meses. Esta dificultad para iniciar el periodo escolar es algo absolutamente normal y en el cual necesitan de nosotros para acomodarse y sentirse cómodos poco a poco con la nueva rutina, jamás será automático.

¿Formas de ayudar a nuestros hijos en el regreso a clases?

  • Lo primero y sumamente importante es que nos reunamos en familia y podamos conversar y dejar en claro cuales serán los cambios, qué implica la nueva rutina, qué se espera de cada uno de nosotros, lo que extrañaremos de las vacaciones y lo positivo de este nuevo período (ser sinceros en que nos extrañaremos y darle sentido a lo que viene. Es importante que cada uno de los miembros de la familia pueda dar sugerencias a lo que a rutina se refiere y armar juntos el plan de acción.

 

  • Tratar de poner en práctica estos nuevos cambios, dos días antes que comience el período escolar: dormir temprano, despertar a la hora acordada y comer en los horarios similares a como lo haremos en los días de rutina. De esta manera evitaremos el levantarnos tarde (y las dificultades que esto trae) y el hambre que puede darle a nuestros niños en el colegio en horarios cuando no tendrán posibilidades de comer.

 

  • Evitar las verbalizaciones negativas en torno al periodo que viene. Nuestra actitud, nuestras palabras, nuestro ejemplo constituye realidad en nuestros niños, es importante que vean una actitud positiva y adecuada en nosotros: los niños ven, los niños hacen.

 

  • Al dejarlos en el colegio debemos ser completamente verdaderos y transparentes, sin mentiras ni chantajes (evitar el “te compraré un regalo si te quedas”, “te esperaré parado acá afuera de la sala”, etc.) , tampoco irse a escondidas , ya que éstas prácticas hacen que los niños se sientan inseguros y se preocupen más.

 

  • Si nuestro hijo llora o no quiere entrar a la sala, acompañar y contener hasta que lo haga y se quede tranquilo. Jamás debemos dejar a nuestros hijos llorando u obligarlo a entrar; a pesar que estas practicas pueden ser más fáciles para el adulto, los niños lo resienten y es perjudicial para su desarrollo emocional.

 

  • Con los hijos mayores de 12 años debemos establecer ciertos compromisos de regalías y obligaciones, para que de esa manera puedan entender desde el principio que ser responsables le acarreará adecuadas consecuencias y que no cumplir con lo que se ha pactado podría traer dificultades. Esto debe pactarse en conjunto y brindarle a los niños las herramientas para que cumplan las pequeñas metas, jamás dejarlos solos si aún no pueden lograrlo. Es dañino a veces apelar al “estás grande” y no acompañar o apoyar.