Comunicación exitosa con nuestros hijos

“¡Te he dicho mil veces que te pongas los zapatos!”, “¿Pero cuántas veces tengo que decirte que ordenes la habitación?”, “¿Acaso tengo que hablarte en chino para que me hagas caso?”, “Está claro que lo que te digo te entra por un oído y te sale por el otro”… ¿Os suena alguna de estas frases? Apuesto a que sí.

Y es que en muchas ocasiones los padres nos frustramos cuando hablamos con nuestros hijos, pues lejos de sentirnos escuchados, pareciera que estuviéramos hablando a una pared. Pero, ¿nos hemos parado a pensar el motivo por el que nuestros hijos no nos escuchan? ¿Hay algo que podamos hacer para mejorar esa comunicación?

Atender a la madurez del niño
Lo primero y más importante para conseguir una escucha activa por parte de nuestros hijos es ser conscientes de su edad y su desarrollo madurativo, pues muchas veces pasamos por alto este detalle tan importante y necesario a la hora de comunicarnos de manera positiva.

Y es que hasta los seis años, el niño no es capaz de manejar de manera fluida su vocabulario, de entender conceptos como el tiempo, el espacio y la causalidad, o de asimilar órdenes complejas.

Es por ello, que debemos ser sumamente pacientes en nuestras conversaciones, descomponer nuestras órdenes en órdenes más sencillas y fáciles de asimilar, respetar sus necesidades básicas y evolutivas (experimentar, desafiar al adulto, buscar su propia individualidad…) y no exigirles más de lo que pueden dar.

A la hora de transmitirles un mensaje debemos ser muy claros, utilizando el menor número de palabras posibles y dando ejemplo con nuestros actos. Recuerda que los niños de corta edad no son capaces de prestar atención durante un periodo largo de tiempo, por lo que cuanto más simplificado, claro y directo sea nuestro mensaje, más fácil será nuestra comunicación con ellos.

La base de toda comunicación debería ser siempre la empatía y el respeto hacia nuestro interlocutor, pero desgraciadamente, en muchas ocasiones vamos con tanta prisa por la vida que olvidamos las necesidades de la persona que tenemos en frente.

Así pues, si sientes que tu hijo no te está escuchando como te gustaría que lo hiciera pregúntale con respeto cuáles son los motivos que le llevan a actuar así (quizá haya tenido un mal día y su mente esté puesta en otras cosas, o quizá sea él quien necesita hablar y no tanto escuchar), explícale cómo te sientes cuando crees que te ignora (recuerda la importancia de hablar de nuestros propios sentimientos para educar en la gestión emocional), y buscad juntos la forma de lograr un mayor entendimiento.

Validar los sentimientos y emociones de la otra persona es lo primero que debemos hacer si queremos lograr esa conexión de la que tanto hemos hablado en otras ocasiones, y que resulta clave para establecer una comunicación activa y positiva.